El Poso De Lar Armas

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Publicado en septiembre 1, 2016

Jose Pardines Arcay, Jorge Juan Garcia Carneiro, José Lasa Arostigui, José Ignacio Zabala, Javier Pérez Arenaza, Miriam Barrera Alcaraz, Jose Ramon Dominguez Burillo, María Doleres González Catarain, Luis Isasa Lasa, Jesús María Basáñez, Miguel Ángel Blanco Garrido, Silvia Martinez Santiago, Xabier Galdeano, Lucía Urigoitia, José Ramón Goikoetxea Galparsoro, Josu Muguruza, Miguel Isaías Carrasco…Arnaldo OtegiMondragon.829 Víctimas del terrorismo etarra, no menos de 4.000 presos torturados en las cárceles, donde muchos perderían su vida; y todavía hoy, 373 reclusos de la banda terrorista repartidos en 45 cárceles de todo el estado Español. Nombres y números, para intentar esbozar el retrato de una guerra abierta entre dos posiciones encontradas. Nombres que esconden sangre, horror y la más pura sinrazón del ser humano. Pero también, entre el dolor y la barbarie, se esconde el trasfondo de un conflicto político que ha perdurado en nuestro territorio, como uno de los más sangrientos enfrentamientos que ha tenido lugar en la actual Unión Europea, y que pese al anuncio de la banda terrorista en 2011, del cese definitivo de la actividad armada, permanece hoy todavía latente, en el día a día de lo vascos y vascas. Especialmente, cuando en Euskadi se habla de política.Cabe recordar que Arnaldo Otegi no es Nelson Mandela, ni se trata tampoco, como muchos piensan, del Gerry Adams vasco. A diferencia del político sudafricano, el dirigente abertzale, hace ya tiempo que no ejerce su lucha contra un sistema de gobierno despótico, ni asesino. Y todavía hoy, lo que lo diferencia del político norirlandés,es que ni EH Bildu, ni el propio Otegui, han tenido la oportunidad de lograr liderar un proceso de paz frente a un estado con suficiente responsabilidad moral o política.Pareciese que a diferencia de el Ulster o Colombia, España, todavía no está preparada para encarar definitivamente la paz.Con la decisión de Junta Electoral de Guipúzcoa de apartar definitivamente de las candidaturas vascas a Otegi, una vez más, el gobierno español hace muestra de una clara intransigencia poco comprensible para quién se encuentra ante la posibilidad histórica de soterrar definitivamente la violencia como método político en Euskadi. De nuevo, los mecanismos del estado de derecho, se fuerzan y se retuercen para buscar la sanción en lugar del entendimiento. Al pacto de Estella, en donde el nacionalismo vasco comenzó a articular un camino para la paz, le siguieron la Ley de Partidos y el caso Betaragune. Un proceso, a medio camino entre judicial y político, en donde quienes planteaban por primera vez el cese definitivo de la violencia, fueron arrestados y convertidos para muchos, realmente en los primeros presos políticos del País Vasco.Durante seis años de ancarcelamiento, Arnaldo Otegui ha sido considerado por ciertos sectores de Euskadi, militantes de la izquierda abertzale, como un símbolo de su propia voz encerrada en una prisión española. Mientras se multiplicaban los casos y las causas para mantenerlo en prisión, se ha podido comprobar, como el camino que un día iniciaron ciertos dirigentes de la izquierda abertzale, un camino hacia la paz arriesgado y valiente frente a sus propios demonios, parece ya inalterable.ETA ha dejado finalmente de marcar la agenda política en el País Vasco, al igual que hoy deberían de hacerlo la ilegalización de partidos o el goteo de entradas en prisión de personalidades de la izquierda abertzale.El fin del terrorismo y de la barbarie en “Euskal Herria”, no supone el final del conflicto vasco, sino tan solo un cambio de escenario. La voz del independentismo no ha desaparecido en Euskadi con el ruido de las armas, sino que se ha transformado en lo que nunca debió dejar de ser: una confrontación ideológica, en donde la única voz valida es la del pueblo libre.No voy a entrar a valorar si Arnaldo Otegui ha sido un preso político o no, pero sin duda, ha sido como mínimo lo más parecido a esa figura que hemos mantenido encerrado en nuestras cárceles desde la dictadura franquista. Sea como sea, lo que parece ya innegable es que una vez cumplida su pena, quizás una pena necesaria para quién pretende borrar todo el dolor causado por las armas en su propia tierra, es hora de devolver su voz a una parte importante de la población vasca. Una población, que también ha esperado demasiado para hacerse oír por encima del ruido de las pistolas.No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad.Malcolm X

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